Saturday, January 30, 2010

Pensiones y ciencia ficción

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Cuenta la ministra Salgado que no habían previsto el alcance de esta crisis. Falso. Esta crisis la vieron del mismo modo que todos los demás, pero prefirieron, como hoy, la estrategia política para guardar cargos y prebendas, el poder mal entendido, antes que aceptar lo que había, y lo que había era gordo.

Cuenta la ministra Salgado esto, en relación con el atraso de la edad de jubilación. Otra inutilidad y otro buscar justificaciones a algo que no tiene nada, pero absolutamente nada que ver con esta crisis con dos orígenes sobre la que volveremos, una vez más, más adelante. Pero ahora vamos con lo de la edad de jubilación. Hace treinta años, la esperanza de vida de los españoles se situaba en torno a los setenta años de edad, de lo cual se deduce que como término medio, más o menos, un jubilado cobraba su pensión durante unos cinco años. Ahora la esperanza de vida - a pesar de que ha descendido levemente con la llegada masiva de inmigrantes, que también son objeto a considerar desde un punto de vista estadístico, se sitúa alrededor de los ochenta años, con lo cual un jubilado está cobrando durante unos quince años (ochenta menos sesenta y cinco, quince), es decir, que los gastos retributivos relativos a las pensiones por jubilación se han triplicado. Complicado mantener esto, sea con crisis o sin crisis, que es a lo que vamos. Es lógico y normal, por lo tanto, que se plantee alargar la edad de jubilación de forma escalonada hasta los sesenta y siete, que es la edad de jubilación, por ejemplo, en Alemania y otros países más ricos y más serios que España. Incluso si me apuran y teniendo en cuenta que muy probablemente la esperanza de vida vuelva a subir en los próximos años, hasta situarse en una década en los ochenta y tres para el caso de los hombres, y ochenta y cuatro y pico para el de las mujeres, pues se podría ir planteando ya el situar la edad de jubilación incluso en los setenta, eso sí, de forma escalonada para que no se molesten los descerebrados de los sindicatos, que por lo general están para la que no tienen que estar, y no están en las que tienen que estar.

Y ahora volvamos a lo de la crisis, que no tiene nada que ver con lo anterior, como el lector inteligente habrá podido deducir. Resulta que estamos, en el caso español y en otros como el norteamericano, en una crisis con doble origen, uno bien visible y que es el que más se ha aireado, la llamada crisis del ladrillo, coyuntural; y otra más complicada de vislumbrar, relativa a la masiva incorporación de nuevas tecnologías en el proceso productivo de los países desarrollados, una crisis estructural por lo tanto. El gobierno español se empeña, aunque tarde, en hacer frente a la crisis del ladrillo, y además de que lo hace tarde, lo hace mal, pues no permite, con sus ñapas y parches urgente y precipitadamente aplicados, que el sistema se ajuste (lo cual podría hacerlo por sí solo, o en todo caso con una buena ayuda pues mejor), sino que continúe desajustado, atando con alambres y guita de cañamo una máquina que necesita un ajuste de verdad, no chapuzas que la mantengan de milagro funcionando, pero funcionando mal. A la crisis estructural, desde luego, ni le hacen caso. Si son incapaces de enfrentarse a esta crisis del ladrillo que tanto les costó aceptar, figúrense esta tropa lo que estará haciendo con la crisis estructural que está pasando, inexplicablemente, desapercibida para el gobierno de la nación.

Con la crisis, por lo tanto, continuaremos por mucho tiempo. Ni este año, y como a este Zapatiesto no lo saquen de la Moncloa los votos ciudadanos (que para eso debería haber elecciones generales anticipadas), ni el año próximo, podremos ver la salida a este túnel cada vez más oscurito. Aunque de todos modos, la caída del empleo - el auténtico drama de una crisis - se suavizará en los próximos meses, en enero ya sabemos que no. Pero se suavizará porque cada mes es más complicado acabar con puestos de trabajo. O dicho en lenguaje gubernamental, cada vez es más complicado destruir empleo porque cada vez van quedando menos trabajadores a los que echar a la puta calle. En todo caso, el gobierno, con su demencial política económica, no sólo encontrará empleos que destruir hasta debajo de las alfombras, sino que está dispuesto a buscar y por supuesto encontrar, el modo de conseguir que no ya un tercio de los trabajadores se queden en situación de desempleo en Andalucía, sino que tomando de modelo esta comunidad autónoma, muy probablemente conseguirá cifras semejantes para el conjunto del estado. Para entonces, Andalucía, podría acercarse al treinta y cinco por ciento de paro. Más, no. Más sería ya entrar en otros quebraderos de cabeza con nuevos protagonistas, desde la extrema derecha campante por las calles y pueblos andaluces, hasta la resurección de grupos violentos de extrema izquierda que darán color y animación a esas calles que no van a quedar en manos de la extrema derecha exclusivamente. ¿Y nosotros? Coño, pues siempre queda el exilio, aunque sea interior. Lo peor de todo esto es que con anuncios o sin anuncios publicitarios, la televisión pública sigue siendo igual de aburrida que las privadas, luego no nos va a quedar más remedio que dedicarnos a la lectura y a la práctica del ajedrez. O lo que sea, pero lo que sea dentro de casita, que la calle se va a poner que no os podeis ni imaginar. Extremistas, rateros y trapicheantes de todo tipo la harán impracticable. Ese sí que es el futuro que nos aguarda, y no el de las películas de ciencia ficción.

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Wednesday, January 13, 2010

El turismo y los turistas (del aeropuerto huelvano)

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Se van. Los turistas toman las de Villadiego porque en Villadiego no hay tanto bloque barato construido a pie de playa, porque en Villadiego no hay aeropuertos metidos en los centros de ocio que antes transitaban, antes, cuando tenían buenos precios y mejor servicio.

Los turistas, se van, y es consecuencia directa de la que han armao nuestras queridas autoridades, estos que también son turistas del despacho con moqueta y el coche oficial que no piensan dejarnos, mire usted por dónde, nunca. Tanta mediocridad gobernando, ha terminado por dejarnos sin turistas. Este año que también nos dejó, el año, no los turistas de la política barriobajera, descendió todo menos el paro. Los turistas, también. Un 8′7% menos de turistas extranjeros, que dejaron en consecuencia un 6′8% menos en las arcas estatales. Menos turistas y menos parné. Llueve sobre mojado, ya el año pasado ocurrió otro tanto.

En el telediario del Régimen, por el contrario, han sido tan esperpénticos que han dado la vuelta a la noticia hasta convertirla en positiva. Asegura la chica esa que lleva toda la vida en el telediario que los turistas que nos visitaron gastaron un 2% más que los del año anterior. Para morirse de la risa si no fuera por la tragedia que hay detrás de que España pierda lentamente su mejor y más sana entrada de divisas, las que nos traían los turistas, que era equiparable al gasto español en combustibles fósiles, el petróleo y el gas natural que no tenemos y que traemos de donde podemos. Un desastre.

Y aquí en Huelva, donde la mediocridad que nos gobierna es para sobresaliente cum lauden y cum lo que quieran ellos, se han empeñado en la gilipollez del aeropuerto. El turismo como excusa y el aeropuerto como negociete privado que terminaremos pagando todos. Ustedes y yo también, con nuestros dineros se van a montar un chiringuito para ir a Madrid una vez por semana a gastos pagos. Qué poca vergüenza. En lugar de mejorar nuestras infraestructuras, que es más barato y más duradero, por ejemplo acercándonos más y mejor a los aeropuertos de San Pablo, Jerez y Faro, que están a la distancia idónea de cualquier punto de la provincia de Huelva, ellos no, ellos a construirse un aeropuerto con los dineros públicos, que no duelen nada en absoluto. Y entretanto, también por ejemplo, la N-435 la más mortífera de las carreteras españolas, sin desdoblar. Qué poca vergüenza y qué lástima de políticos que tenemos en Huelva. Qué desgracia. Así nos va.

En una ocasión oí a un alcalde de un pequeño pueblo serrano explotar, con mucha educación, en un pleno del Patronato de Turismo de Huelva (otro sacaero de dinero absolutamente improductivo que sirve para colocar a prebostes del régimen), decir que cuando él viera turistas en su pueblo gastándose un duro, que entonces pagaría las cuotas que se le estaban pidiendo. Creo que desde entonces no se les volvió a pedir un duro a los alcaldes pobretones de la Sierra de Huelva. Ese ejemplo lo debería seguir más de uno. Mejor nos iría.

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Tuesday, January 5, 2010

El pintor y los niños

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Su sonrisa le delata: es un niño. Él lo sabe, pero algunos otros aún no. El artista sabe además que no es el único, que hay otros. El señor que le sella la declaración de la renta, el técnico que le reparó el viernes el ascensor, la vicedecana de la facultad de Derecho o la boticaria que le expende aspirinas y frenadoles con una sonrisa igual a la suya. Potenciales espectadores de sus últimas creaciones, todos son niños, aunque alguno no termine de caer en semejante evidencia.

El artista sonríe. Sonríe y trabaja. Audazmente. Acaba de pintar una serie de cuadros en gran formato. El más reducido es de dos por dos, metros, pero hay otros, como el del mármol de los puestos de pescado del Mercado, que debe andar por los cinco metros de eslora, o más. La madera que utiliza de soporte, capaz de soportar tanta materia, es recorrida de lado a lado por manchas que definen una superficie y sobre ella la tenue luz de las bombillas. Allí se alinean chocos, gambas, un pulpo, un rodaballo, pijotas, brótolas, ventresca de atún y un cazón sin su piel, con sus líneas interiores, paralelas y curvas, blancas, ralladas sobre rosas vivos y sobre esa tan eficazmente distribuida materia, de forma magistral. El artista pinta el puesto de pescado y escruta su interior. Sobre un estante detrás del mostrador, está el olvido de dos vasos de café; colgadas sobre el pescado, junto a las luces, unas balanzas, y detrás, apiladas, cajas de madera, de tablas finas, y otras de polispán.

Ha pintado esos puestos de pescado pero también un tractor o una barca. Una patera como las que pintaba en otro tiempo y que le siguen atrapando, llenas de mar. Ha trazado color y texturas para hacer volar un aeroplano, enorme como los demás cuadros, pero pequeño en su intención, miniatura de plásticos rígidos y colores primarios adobados por el uso y la distracción. Luego hay un canalón de madera por el que baja el agua y el verdín, una noria y otro acueducto que deja escapar el agua entre los intersticios de la madera. Más madera. El pintor, desde su obra, que ejecutó con la seriedad de un maestro, sonríe.

El pintor ha pintado todo eso porque sigue siendo un niño como su hijo, como Teo, al que le ha dibujado de nuevo los mismos cuadros, pero en pequeño formato, reducidos. Y los ha colocado a la altura de sus ojos, de sus ojos y de la de otros que aún no han alcanzado la estatura del pintor, pero para que algún día la alcancen. De momento, estos cuadros, los pueden ver.

Y detrás de los niños vendrán los adultos, que él sabe que son niños aunque ellos no lo sepan, a visitar la exposición, a encontrarse con el pintor en su esencia. El pintor, ya lo saben, es un pintor de éxito, consagrado a pesar de su sonrisa que pocos saben ver, a pesar del niño que es.

El artista está ahí en el Museo, en sus cuadros, impartiendo un magisterio sencillo y directo. Cuadros, sus cuadros. Arte, mucho arte encerrado y meditado en la paleta de Víctor Pulido. El artista y lo que el artista quiere decir, contarnos como él lo cuenta, que si esto es un barco y aquello un biplano, que es un aeroplano con dos líneas paralelas de alas, para volar mejor… y aquello un canal por el que baja el agua. Y luego está el lenguaje del pintor, adulto y sabio aunque ahora ya no nos lo podamos ni creer después de ver su sonrisa y verle junto a su hijo explicándole a todos los niños en que consiste su manera de entender el arte, en que todo debe estar equilibrado y responder a un sentimiento compositivo que emocione y trasmita esas emociones a un tiempo. O que el color debe estar supeditado a la forma y viceversa, de forma que todo ello elabore un discurso plástico con el que el espectador se sienta complacido y feliz. Eso, sólo eso.

Esto es un tesoro. Entender el arte de esa manera es un auténtico tesoro cuyo cofre pocos saben abrir a los demás, cuyo contenido pocos saben compartir con los demás. Esta es la esencia de la pintura, el fundamento de la concepción artística cuando se interpreta un mundo desde el interior del alma humana. Víctor Pulido lo hace como sólo los grandes saben hacerlo, con sencillez.

Y con una sonrisa. Y entre esos tesoros que bajo la cama guarda el artista en una caja de cartón, hay un futbolín también. El artista ha pintado y esculpido los movimientos exactos sobre el mueble; y aún sobre el suelo, a través de unos pies que transmitieron su tensión al mando de hierro, brocheta de jugadores de madera que modeló con hermosa precisión y perspectiva caballera. El pintor ha pintado todo esto y mucho más. Y allí estarán los cuadros, en el Museo de la Alameda Sundheim, hasta finales de febrero. Allí estarán, pacientemente, esperándole a usted y, también, al niño que uste fue. O es.

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Friday, January 1, 2010

Sin publicidad y sin vergüenza

El despiporre gubernamental al que estamos asistiendo estupefactos, ese quintuplicar el déficit público como si nada pasara, alcanza ahora uno de sus cúlmenes más simpáticos con esto de anular el tiempo dedicado a la publicidad en las cadenas estatales. La uno y la dos.
Dobla el cerviz el gobierno en pleno a quienes les soportan en el poder, a quienes les hacen el caldo gordo en tiempo electoral y en el entretiempo, a las otras cadenas, a las de los amigotes. Ellos recibirán más duros de plata con los que contratar a más guionistas y presentadores, a más realizadores y caricatos afectos al Régimen de Zapatero. A las cadenas públicas, que las zurzan, para eso estamos nosotros, para pagar impuestos y despropósitos. Seamos o no seamos consumidores de esta basura (vease el canal 24 horas del Régimen por espacio de cinco minutos y lo comprenderán), tendremos que pagar impuestos para soportar una televisión pública que ni un exministro de la UCD la podrá domar. Ver televisión, como cualquier otro producto destinado al placer, debería ser de apoquinar y tente tieso, el que quiera consumir, que lo pague, ¿o es que a mi me van a pagar también el vino o la langosta salvaje, el beluga gris triple cero e il tartufo bianco d’Albi?
Servidor no es consumidor de televisión. Es más, de todos los electrodomésticos que pueblan mi hogar, dulce hogar, es el que más evito utilizar. Además, cuando lo utilizo no me importa que pongan publicidad, pues aprovecho y voy a cagar, por ejemplo. Pero ahora tendré que pagar por la televisión como si la consumiese. Igual da e igual les dará a estos mastuerzos que nos gobiernan. A estos imbéciles que nos llevan a un mundo de somatizados, a un planeta en el que terminaremos trabajando un 40% de la población y en el que vegetará nada menos que un 60% de la población (reserva laboral no cualificada) con el papeo subvencionado y el fútbol o los psicotrópicos gratuitos para que pasen el tiempo felices y contentos, para que no molesten. Vegetales.
Nada nuevo bajo el sol. Panem et circenses. Los mequetrefes del gobierno nos hacen pagar su televisión, su constante publicidad de gobernantes serios y modositos que no merecen dejar nunca de pisar moqueta de diez centímetros de grosor. Y yo a pagar, pues bien, me vuelvo a cagar en todos sus muertos. He dicho.

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Saturday, December 26, 2009

Feliz Navidad (Una de mamporros)

Desde la estatua del Litri a mi casa hay unos quinientos metros mal contaos. En ese trayecto y el día de Nochebuena, noche de paz tralará tralará, hubo tres peleas distintas entre las ocho y veinte y las ocho y media de la tarde. Las dos primeras protagonizadas por jóvenes con excesiva testosterona y poca materia gris, que diría monsieur Poirot, la tercera fue demasiado rápida, simplemente pude ver como unos gitanos bajaban a garrotazo limpio desde el arranque de la antigua Avenida de las Adoratrices, ahora cortada de manera irracional por una carretera elevada cuando se podía haber hecho un cruce o un scalextric para evitar semejante tropelía. A ver si Perico arregla también este desaguisado de los tiempos de descontrol socialista (pasaron de 21 concejales a once, de 27 que hay en total, de unas elecciones a otras, y todavía no saben por qué extraña razón la gente no los ha vuelto a votar y Perico gana por mayoría absoluta unas elecciones tras otras desde que se presentó para tratar de cambiar el rumbo anárquico de una ciudad que se caía de pena).

Tres peleas mientras en la mayoría de las casas se calentaba ya el puchero para sacar la sopa de picadillo y el más diestro de cada casa empezaba a cortar jamón. Tres peleas en una ciudad donde la marginalidad no es que esté presente, sino que domina y se enseñorea de cada calle, de cada plaza y acera. Tres peleas.

Existe cierta frustración en amplias capas de la sociedad, de momento amortiguada por la subvención, por el paro y las componendas de esta peculiar manera de gobernar: tú me votas, yo te doy y aquí todo el mundo callaíto. Pero la cosa va a empeorar. De hecho, la frustración viene dada por el descenso en el nivel de renta que han experimentado familias o núcleos familiares, mejor dicho, sin miembros que pudieran desarrollar un trabajo medianamente cualificado. Las crisis, como es sabido, ponen las cosas en su sitio y ya un peón - si tiene trabajo, que esa es otra - no gana lo de hace unos años, sino lo lógico y normal para u n trabajador sin cualificar. Las prestaciones por desempleo, por otro lado, tienen una vida limitada, quiere decirse que no son para toda la vida, y además no sirven para mantener cierto ritmo de vida que ha sido algo más que pura ilusión en las capas más bajas y en consecuencia menos dotadas formativa y profesionalmente (y al revés, porque una cosa lleva a la otra). De modo que se ha generado cierta frustración que va a derivar o está derivando en actitudes violentas e irracionales, como todas las que podemos admirar en los noticiarios de televisión: un equipo de fútbol gana un título y los aficionados forman piña para levantar barricadas y lanzar adoquines a la policía, lo cual es una curiosa manera de festejar o celebrar algo, pero sobre todo no deja de ser un síntoma más de los tiempos que estamos viviendo, unos tiempos en los que la violencia ha sido normalizada por el abuso que de ella se hace en el cine y en la televisión, en los grandes medios de comunicación de masas, que la playstation y otras consolas para videojuegos, también aportan lo suyo. Todo esto, junto, hace que un paseante pueda ser espectador de tres peleas en quinientos metros un par de horas antes de la cena de Nochebuena, cena en la que se reúnen las personas de buena voluntad, en familia, para celebrar la venida del divino salvador del mundo, o simplemente porque sí, porque al menos una vez al año no viene mal reunirse y cantar villancicos por muy poco o nada creyentes que seamos. Pero, no. En estas fiestas de Navidad hoy transformadas en Día Mundial del Regalo - como mi admirado maese Bada las nombra - hay descerebrados, desgraciados que no han tenido acceso a la formación y a la educación, que la celebran a mamporro limpio. Si al menos tuvieran temor de Dios, pero ni eso, a estas alturas hasta el más imbécil sabe es que lo más parecido a Dios que existe y reina sobre la tierra es Maradona, Madonna y una cajera del Mercadona de mi barrio que está una jartá de buena.

Así que esto es lo que hay, nada comparado con lo que vendrá. Veamos: en diez años, toda esta generación de jóvenes sin oficio ni beneficio, condenados al paro y a la frustración de por vida, no sólo las estarán pasando canutas, como ahora, sino que ya no tendrán ese leve amparo familiar que les permite subsistir aunque sea de mala manera. De este modo, sin proyectos de futuro que poder soñar siquiera, sin un duro en los bolsillos y con los años echándoseles encima como a todo quisque ¿qué harán?

La respuesta os la dejo a vosotros. Yo me quedo con la imagen de jóvenes enchandalados, de cabezas rapadas, limpias de pelo y de materia gris, espoleados por niñatas claveteadas de abalorios en el rostro, dándose de mamporros como entrantes únicos de la cena de Navidad. Una pelea aquí y otra doscientos metros más allá. Y luego los gitanos armados de cachiporras en pos de uno o una, o unos pocos, que ni llegué a ver siquiera, en una escena que deja absolutamente light las que rodaba Peckimpah. Me quedo con esta escena gratuitamente cruel y la pregunta de antes: cuando estas criaturas crezcan y no tengan dónde caerse muertos, cuando no haya papá con veinte euros en la cartera para amansarlos ¿qué coño harán?

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Sunday, December 13, 2009

Gibraltar español

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Están prontos a cumplirse los trescientos años transcurridos desde la firma de aquél tratado que la excelente diplomacia española pergueñó con sapiencia y buena mano evitando la desaparición del país.  Cómo lo leen. Agotados los Austrias con el tremendísimo Carlos II, que nos hizo el flaco favor de dejar la finca a un sobrino de Luís XIV, don Felipe de Anjou, se lio la de Dios es Cristo. Los Habsburgo no iban a dejar semejante imperio, por muy decadente que fuera ya para aquél entonces, en manos de los gabachos, así que aquí vino a plantificarse el archiduque Carlos a pedir lo que entendía que era suyo, cosa que tampoco iba a permitir el dichoso heredero, este dicho don Felipe que fue el primer Borbón con mando en plaza.

El conflicto, conocido como la Guerra de Sucesión al trono español, duró trece añitos, que sirvieron para dejar al país más maltrecho de lo que ya estaba. Trece años de guerra civil en la que se enfrentaban dos dinastías, Austrias y Borbones, y dos maneras de entender el estado, los unos que venían a perpetuar la idea de las Españas, y los otros que traían los modos borbónicos de gobernar: un centralismo y tentetieso, como demostró luego el tal don Felipe con los decretos de Nueva Planta que acabaron con los privilegios forales de quienes se habían enfrentado al Borbón y defendido, con armas, hombres y dineros, la causa austracista. El final, como es sabido, un desastre llamado Utrecht, pero un desastre que no lo fue tanto, porque al menos las potencias involucradas en esta guerra doméstica española que se extendió a todo el continente, iban a permitir que España siguiera existiendo. Bueno, España o lo que quedara de ella después de los bocados que las fieras austríacas y británicas se iban a repartir. Los franceses, también. Luís XIV se quedó con su sobrino en el trono. Don Felipe V, que se puso el tío.

Hasta los Saboya se quedaron con Sicilia, pero la parte más jugosa del pastel se la quedaron los austríacos, eso está claro. Perdimos los países bajos, la bota italiana y hasta las ganas de comer, con el disgusto que nos dieron unos y otros. Pero los británicos, como después continuarían haciendo, se quedaron con la mejor parte. Con lo que se firmó en Utrecht y con lo que luego les salió de los cojones quedarse.

Menorca, que luego la recuperaríamos por las armas, y el peñón de Gibraltar, dos plazas que les garantizaban un mayor control del Mediterráneo occidental, hasta entonces en manos españolas. Y un llamado “navio de permiso”, que no era otra cosa que un barquito que podían fletar para comerciar libremente con las Américas. Un barquito que se firmó, y un montón de barcos que fueron luego para allá, que ya es sabido que los británicos firman lo que se les ponga por delante y luego hacen lo que les sale de los mismísimos cojones. Como por ejemplo, con Gibraltar, que si se leyeran atentamente las cláusulas que se firmaron, convendríamos en que la roca debería haber vuelto a manos españolas al cuarto de hora de haberse estampado la firma en los papeles utrechtianos.

Tres siglos se van a cumplir en 2013. Tres siglos de incumplimientos y de pasarse por el forro lo firmado. Y aquí, nadie sabe por qué, a tragar. A tragar con que el aeropuerto lo tengan en territorio cuyo uso nunca fue cedido a la Gran Bretaña, quiere decirse en suelo español, como lo es también Gibraltar, por mucho que su uso se cediera en Utrecht. A tragar con que de colonia haya pasado a ser, por arte de birlibirloque a ser un país de medio pelo, con una clase dirigente dedicada vaya usted a saber a qué, pero que está tan ricamente instalada en el paraíso costasoleño español, o medio inglés, que también. Y ahora las aguas juridiccionales. Pero oiga, qué coño aguas territoriales, si el territorio sigue siendo español y las aguas nunca se cedieron. Qué razón hay para que esta partia de golfos apandadores, de corsarios y filibusteros, se hayan adueñado de las aguas jurisdiccionales españolas y las autoridades encima les pidan disculpas (Fouché, Rubalcaba o Burracalva, como le quieran llamar) por que una patrullera andara persiguiendo a unos tipos que navegaban con menos papeles que una liebre por aguas ESPAÑOLAS, que a ver si nos enteramos de una vez, que estas aguas fueron y siguen siendo españolas.

En fin, que lo que hay que hacer es revisar el tratado de Utrecht y si las condiciones no se cumplen, entrar por el morro y recuperar el uso de estas tierras que nunca se regalaron, sino que simplemente se cedieron mediante un tratado de paz que ponía fin a trece años de historia y principio a trescientos de histeria.

Cuando estuvo Aznar de presidente, se le echó cara al asunto, pero como esto de Gibraltar español suena a franquismo, pues se optó por no menear demasiado el asunto. Ahora, con treinta años de democracia ininterrumpidos a nuestras espaldas, es hora de que nos quitemos complejos y podamos decir tranquilamente que Gibraltar es español, que los llanitos lo que tienen que hacer es despiojar a los monos y conformarse con lo que les toca, que no es otra que integrarse en una de las comarcas más pobres y desatentidas de España.

Los llanitos, como es natural y yo haría lo mismo, no quieren ni oír hablar de eso, ellos ya son un estado y a ver quién es el guapo que se carga la entente cordiale que mantenemos en la ONU. Utrecht es pasado, y pasado se quedará. Esperemos que la imbecilidad de algunos catalanes - habitantes de la región más favorecida por los presupuestos españoles desde los Reyes Católicos para acá, que ya es decir- de optar a la independencia de lo que ellos llaman despectivamente el Estat, España, no sea más que un chiste de mal gusto, otro más de esos muchos con los que pagan con una moneda llamada desprecio, las muchas monedas, pero estas sí, de curso legal, que les hemos estado regalando así por el morro en los últimos cinco siglos a los descendientes de esos aventureros francos, normandos, que se encajaron en las difíciles tierras de frontera que Carlomagno llamó la Marca Hispánica, unas tierras españolas que pronto se librarían del control franco, pero que se recuperaron, según parece, con el enemigo dentro.

Gibraltar seguirá siendo británico, o gibraltareño, que es más divertido. Cataluña deberá seguir siendo lo que siempre fue, un trozo más de estas Españas que a duras penas, siguen siendo el estado más viejo de Europa. Tres mil años nos contemplan, y los que no los quieran contemplar, coño, que se vuelvan a Normandía, que aquí maldita la falta que nos hacen estos insultantes de pleno derecho. Ya está buena la cosa.

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Saturday, December 12, 2009

Crítica teatral. Un dios salvaje

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Divinas salvajadas

UN DIOS SALVAJE, de Yasmina Reza, en versión de Jordi Galcerán. Dirección: Tamzin Townsend. Escenografía: Ana Garay. Vestuario: José Juan Rodríguez, Paco Casado. Iluminación: José Manuel Guerra. Espacio Sonoro: Isabel Montero. Intérpretes: Aitana Sánchez-Gijón, Maribel Verdú, Pere Ponce y Antonio Molero.

Escenario: Gran Teatro. Aforo: 644 personas (Lleno) Fecha: 11 de diciembre, 2009.

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Bernardo Romero

Huelva

Los actores se divierten sobre el escenario. Eso se nota. Se nota y se traduce en una función con un ritmo perfecto, medido a extremos que sólo el espectador, con sus carcajadas, es capaz de medir. Y de apreciar. Los actores se divierten y tienen tan aprendido cada cual su papel, que viven esta hilarante historia de Yasmine Reza como propia, como si les estuviera ocurriendo a ellos. De ahí quizás los abrazos con los que mientras el público aplaude a rabiar, se disculpan los intervinientes. Es mucha la sangre que se vierte sobre el escenario, limpio y justo, aunque no termine de llegar al río. Ni a la moqueta. Faltaría más.

Los actores además son grandes actores, pero eso se sabía de antemano, así que no hay mérito alguno en andar ahora descubriendo la pólvora, pero sí que en esta salvajada absolutamente divina, están sembrados. En cada uno de sus gestos, en cada uno de sus diálogos en los que los silencios alcanzan a ser auténticas sinfonías, en cada uno de sus movimientos, en el respeto al espacio que cada cual debe ocupar sobre el escenario… pero sobre todo en ese interpretar no ya de memoria, sino sin ajustarse a texto alguno, sino en saberse el guión de tal manera que el actor pueda llegar a improvisar en el gesto o incluso en el diálogo sin que la obra se resienta lo más mínimo. Es más, uno está convencido de que en tanto tiempo recorriendo teatros – con un lleno detrás de otro – no es sólo el vestuario lo que ha mejorado, sino también el texto y los movimientos de los actores. Por supuesto los gestos también. Eso seguro.

Todo es creíble en la obra. No ya el texto original de la Reza en este su último éxito teatral (estrenado el pasado año en París con dirección de la propia autora) o la versión de Jordi Galcerán (estrenada en España al poco tiempo), sino la manera en que los actores han venido a representar esta comedia de tintes trágicos a no ser por el humor con que se lo toman, con que nos lo tomamos todos.

En cuanto al fondo de la cuestión, no es ya el hecho de que un niño le haya partido la boca a otro, cosa que es consustancial a la especie humana y esperemos que al igual que ocurre delante de nuestras despistadas narices, siga ocurriendo en tiempos futuros: tal como ocurrió en los pretéritos, ayer y hoy, por mucho que ahora nos escandalicemos de que un niño le de un empujoncito a otro en el patio del colegio, cuando nosotros nos perseguíamos a pedradas – al menos servidor – por los cabezos. Pero el fondo de la cuestión, evidentemente, no es ese, sino nosotros. Las relaciones que tenemos los adultos en cuantito nos ponen un conflicto por delante y somos incapaces de comportarnos como eso, como adultos. Piterpanes sin remedio y lo que es peor, sin arreglo posible, niños grandes que echamos de menos, vaya usted a saber, no poderle partirle la cara al imbécil que tenemos al lado, en el trabajo o en la grada del campo de fútbol, por eso tan etéreo que es o dicen que es ser civilizado. Qué putada.

Así que un buen texto, una inmejorable versión española, y un exquisito ritmo que no se sabe si deja extenuados antes a los actores o a los espectadores, que no paran de reír, o de reírse, probablemente, de ellos mismos. Una genialidad más de la directora, también. De la prolífica Townsend, que nos está trayendo buen teatro a Huelva esta temporada. Esta vez, con un excelente cuadro. Los cuatro, queremos decir. Todos ellos, que como la obra, están divinamente salvajes, y por encima de todo ello, a su aire. Exquisitos.

Publicado en El Mundo - Huelva Noticias. 13/12/2009

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Saturday, November 28, 2009

Gibraleón, vino, jazz y un rap

mostojazz

Paulo Bandeira Trio en el alpende de la bodega Maroto

 

CALLEJILLA DEL DUENDE

 

La vida en un swing

Bernardo Romero

Muchísimo público en la apertura del Mosto Jazz 2009. A las dos de la tarde, mientras tocaban los A Contra Punto Latin Jazz, apenas se podía transitar por el patio de la bodega Maroto, escenario como en ediciones anteriores de las actuaciones matinales y vespertinas, que en esta ocasión contaron además de con el estupendo grupo citado, con los portugueses Paulo Bandeira Trio, un grupo con un feeling importante y un trompetista realmente sensacional.

Por el patio se circulaba a duras penas, con el obstáculo añadido de tener que ir saludando a muchísimo personal que ya en estas edades que nos asustan, apenas vemos en circulación. Miren por dónde. Y entre el personal veterano en las lides musicales, por allí andaban también para terminar con las sesiones vespertinas, los onubenses Orangers, o Los Naranjeros que es como entre ellos y más propiamente se hacen llamar. Un grupo de buenos músicos, ya más o menos retirados de la escena, que ahora se reúnen para hacer lo que más les gusta, y lo que más les gusta -y a nosotros también que lo hagan-, es tocar un poquito de jazz. Buena música. Buen rollo.

Y al fondo, la barra de la taberna y una misión casi imposible, pedir una jarrita del buen vino olontense, de esos vinitos nuevos, frescos y que entran de miedo. Mosto de Gibraleón. Esto es vida. Con moderación, faltaría más, pero esto es vida. La vida en un swing.

El vino se consigue, con paciencia y unos tiques que se adquieren bajo el reloj de péndulo. El vino tarda, pero termina por llegar. Y la carne que cada cual se arrima a su sartén – y que cada cual ha de llevarse a lo de Maroto si es que carne es lo que quiere que conforme la parte central de su menú – también, aunque haya que esperar a que se haga lentamente en las brasas de la chimenea o en la barbacoa de equilibrios imposibles que en el patio lanza indecisas fumarolas a los asistentes y a los músicos que tocan, como si nada, bajo el alpende. El año pasado, nos calló algo de agua, de ahí la defensa que el instrumental y los artistas encuentran en el alpende, improvisado escenario que atrae las miradas, y los oídos del respetable. Ya les decía, buen rollo.

Gente sonriente, niños jugando por los resquicios que quedaban libres y que ellos encuentran con tan sorprendente facilidad. Mucho pureta, es cierto, pero mucha sonrisa y muy buen saber estar. Risas y humo – de la barbacoa, se entiende -, vino y swing. Para qué pedir más, si encima no se pedía etiqueta ni traje largo para entrar. Puretas, sí, es lo que hay. Melenitas de otros tiempos, moscas zappianas bajo el labio inferior y aretes en los apéndices auditivos de los señores y las señoras, chupas de cuero y botas con punteras, tachuelas en la cintura y un do re mi fa sol en el corazón. Música y mostito de Gibraleón, saxos y papas aliñás, jazzband, cazuelitas de garbanzos, contrabajos y a disfrutar. Esto fue, señoras y señores, el Mosto Jazz.

Luego a la noche, el que llegara, pudo disfrutar de una sesión ya más formal, del Paulo Bandeira Trio en el salón del Ámbito Sur. Que en el patio de la bodega Maroto tocaron los tres grupos invitados este año a este festival del buen feeling y unos invitados sorpresa, dos chavalitos de Gibraleón que quisieron marcarse un rap. Y allí les dieron unos micros, les pusieron un cedé y se lo montaron la mar de bien, con esas coplas tan tristes como reales que con tanto ritmo saben gritar, para que les oigan, para que les escuchen también. Allí se pusieron a cantar un rap y nos enteramos de muchas cosas de las que no nos queremos enterar. De que estos chavales de chándal y cadenón al cuello, pelaítos y con camisetas entallás, están aquí y también quieren hablar, denunciar, las diferencias que hay entre los unos y los otros, decirnos que ellos están hartos de que sus gritos sean susurros, sus penas olvidos y sus frustaciones hiel de mal tragar. Por eso hoy les cuento lo del mosto y lo del jazz, pero también, a ritmo de rap, les vengo a decir lo que nunca queremos escuchar. Buen rollo. El de estos chavales del chándal y el cadenón a los que ni miramos al pasar. Buen rollo, sí señor.

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Friday, November 20, 2009

Críticas cine. 35 Festival Iberoamericano Huelva

zona-sur

ZONA SUR. Dirección: Juan Carlos Valdivia. Guión: Juan Carlos Valdivia. Montaje: Ivan Layme. Fotografía: Paul de Lumen. Dirección de arte: Joaquín Sánchez. Música: Cergio Prudencio. Sonido: Ramiro Fierro. Principales actores: Ninón del Castillo, Pascual Loayza, Nicolás Fernández, Juan Pablo Koria, Mariana Vargas, Viviana Condori, Luisa de Orioste y Glenda Rodríguez.

Bolivia, 2009. 109’

 

Cine medido y cuidado: una obra de arte

De la intensidad de los silencios filmados en interiores deliciosos, a la vertiginosa e impresionante hermosura de los exteriores

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Aquí está la película del Festival. Una gran película. Toda una obra de arte. Para recordar.

Pudiera ser el manejo de la grúa, o bien esos giros lentísimos y certeros de la cámara a la que se van adaptando actores y guión, pero también es la historia, lo que cuenta esta obra maestra realizada por Juan Carlos Valdivia, sobre un guión suyo y con un elenco de actores que están suficientemente a la altura de lo que se estaba rodando. Y lo que se estaba rodando era mucho y bueno. Ahora lo hemos visto en un festival que con películas de este tono sube de nivel y cumple una de sus principales funciones, una de la que se habla poco y se escribe menos, ofrecer al público de Huelva y por supuesto a todos los invitados, cine de altura. “Zona Sur” es eso, cine de calidad rodado con harta sensibilidad y muy meticuloso, muy respetuoso con las formas y con todos los principios que son axiomas en la construcción de una película cuando el cine se entiende como arte. Séptimo o noveno, qué más dará, arte a secas.

Si la confección de la película nutre al espectador sobre esas formas exquisitas y precisas de hacer cine, también se puede afirmar que la historia y los paisajes, al margen del palacio de cristal en el que se encierran sus personajes, vienen a dar cuenta de una realidad – sociedad y sistema económico - que atraviesa unos cambios estructurales importantes: la Bolivia de Evo Morales, ese triunfo del mestizaje o del elemento indígena sobre una minoría criolla que ha dejado de manejar, o casi, los resortes del país. Y sobre esa minoría es la historia y las circunstancias descritas en “Zona Sur”, una minoría en franca decadencia que observa atónita como el edificio en el que se criaron, dónde nacieron y luego crecieron, se les viene abajo. Cambios.

Hay historia y hay paisajes fuera del recinto, la casa, en la que se desarrolla casi toda la acción, y cuando el realizador decide sacar al espectador – y a la historia - de esa claustrofóbica morada, lo hace a unos paisajes conmovedores por lo impresionante, a una atmósfera absolutamente heroica, subyugante, que atrapa al espectador, hasta ese momento circulando con la cámara a un ritmo lento y delicioso, para hacerle abrir los ojos, hasta entonces entornados ante la visita a un caserón cuyas nobles paredes son también un personaje de la obra.

Buen cine y muy preciso y medido, como decíamos antes, y en consecuencia, unos actores bien seleccionados, muy metidos en el papel y realizando cada uno de sus movimientos a la perfección. Los diálogos, también son los justos y necesarios para seguir la trama, pero son igualmente intensos los silencios, ese hablar de la cámara que es trasunto esencial en el cine. En el buen cine, queremos decir, y “Zona Sur”, lo es. Una obra de arte, no nos cansaremos de decirlo nunca. Una película para recordar.

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Críticas Cine. 35 Festival Iberoamericano Huelva

navidad

NAVIDAD. Dirección: Sebastián Lelio. Guión: Gonzalo Maza y Sebastián Lelio. Montaje: Soledad Salfate y Sebastián Lelio. Fotografía: Benjamín Echazarreta. Dirección de arte: Rodrigo Bazaes. Música: Los Jaivas y Los Jockers. Principales actores: Manuela Martelli, Alicia Rodríguez y Diego Ruiz.

Chile / Francia, 2009. 84’

Vidas jóvenes con huidas al fondo

El fin de la adolescencia, un tema eterno en el cine y en la narrativa de todos los tiempos, sobrevuela esta Navidad

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Problemas de familia y dilemas en la narración, un tanto confusa, de tres vidas adolescentes o casi, porque esos años tibios están ya vividos en este recorrido por el interior de tres almas desamparadas de forma más o menos voluntaria. El film se va dejando querer, pero tiene eso, que confunde y no termina de cuadrarse en el imaginario del espectador, por lo tanto, es mejor dejarse llevar, olvidarse de aquello de presentación, nudo y desenlace, para apropiarse de lo que en principio pudiera ser la intención del director: retratar tres vidas adolescentes, ciertamente conflictivas al menos en el caso de dos de ellos, pero vidas adolescentes al fin y al cabo. Relatar eso y punto.

Estaríamos entonces ante un documental sobre jóvenes que buscan su lugar en el mundo, como en teoría todos los jóvenes suelen hacer a su debido tiempo sin que ello suponga un trauma irresoluble. Aquí, no. Aquí el drama no hace sino empezar en las primeras escenas y no termina en todo el metraje. Sin solución. Es como si un muñeco de plástico se inflara de aire para levantarse y luego, terminado el soplo divino, cayera irremisible y nuevamente a tierra. Así una y otra vez. Un drama, ya les digo. Los jóvenes, que lo tienen todo en contra y no nos preocupamos demasiado por ellos. Quizás porque más de uno y más de dos, fuimos niños, luego adultos, y no se nos quedó la cara que se le queda al protagonista masculino, o a la extraña visitante que no se termina de enterar de lo que ha sido su vida huérfana de referente paterno. O que no quiere enterarse, vaya usted a saber. Pobrecitos. Uno está viendo la película y se pregunta si es que la Logse ya llegó a Chile.

La película es cámara al hombro y a rodar. Diálogos pretendidamente intrascendentes, de jóvenes que se interesan, como siempre sucedió, que para eso son jóvenes, por la trascendencia de las cosas. Jovencitos un tanto perdidos, pero eso sí, tórridos como es pura obligación en esas edades aptas para el apareamiento y la reproducción, aunque no dentro de un orden. Faltaría más.

A esta peli le falta también algo más que introducirse en el interior de tres adolescentes, le falta que pasen cosas y que te emocionen esas cosas, por ejemplo. Navidad desangelada, tristeza sobre tristeza y tres vidas vacías, es poco bajaje para una película que gusta en ese cierto intimismo que logra desmenuzar ayudándose de una ambientación que parece encontrada así, tal cual, tan natural como los tres elementos que se juntan para celebrar una Navidad la mar de tristona y simple, tan simple como ellos mismos. Eso y bien encontradas destrezas en el rodaje, aunque luego se noten algunos saltos, son lo que pueden salvar a una película que se deja ver, pero que al fin y al cabo, necesitaría algún sobresalto que acabara con tanta linealidad.

Posted by Bernardo Romero in 21:25:55 | Permalink | No Comments »